La economía mexicana se encuentra en un punto de inflexión donde las estadísticas parecen contar dos historias distintas. Según los datos divulgados este martes por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, la inflación general en México mostró un avance superior al previsto durante la primera quincena de febrero de 2026, alcanzando una tasa interanual del 3,92%.
Este dato marca la tercera quincena consecutiva de ascensos, una tendencia que enciende las alarmas en los pasillos del Banco de México. Sin embargo, el panorama es más complejo de lo que sugiere la cifra principal: mientras los precios generales suben, la inflación subyacente disminuyó de forma inesperada.
Esta disparidad entre el índice general y el subyacente coloca a la Junta de Gobierno de Banxico en una posición sumamente delicada. Por un lado, la resistencia de la inflación general a bajar del umbral del 4% sugiere que las presiones externas o los costos de servicios siguen presionando el bolsillo del consumidor.
Lo que hace unas semanas parecía un camino despejado para una flexibilización monetaria, hoy se percibe como un terreno minado. La perspectiva predominante ahora es que el banco central podría optar por la prudencia y mantener la tasa clave de interés sin cambios en su próxima reunión de marzo.
El avance del 3,92% interanual refleja que, aunque México ha superado los picos inflacionarios de años anteriores, la «última milla» para alcanzar la meta puntual del 3% está resultando ser la más difícil de recorrer. Los factores no subyacentes, como los precios agropecuarios y las tarifas autorizadas por el gobierno, parecen ser los responsables de este repunte reciente.
La reunión de política monetaria de marzo será, sin duda, la más vigilada del trimestre. Los miembros de la Junta deberán decidir si dan más peso a la caída inesperada de la subyacente o si se mantienen firmes ante el avance del índice general.
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