BCE tendrá que ajustar política monetaria

El Banco Central Europeo se enfrenta a uno de los escenarios macroeconómicos más complejos desde la creación de la moneda única. El frágil equilibrio entre el control de los precios y el estímulo al crecimiento económico vuelve a tambalearse debido a los impactos de la geopolítica global.

En esta ocasión, la advertencia ha llegado desde Atenas, de la mano de una de las palomas más moderadas del Consejo de Gobierno del BCE, Yiannis Stournaras. El gobernador del Banco de Grecia ha dejado claro que la política monetaria de la eurozona podría verse obligada a endurecerse de forma imprevista si las presiones sobre las materias primas se trasladan al núcleo de la economía real.

Stournaras señaló con preocupación que el prolongado cierre del estrecho de Ormuz, provocado por la guerra en curso que involucra a Irán, ha desatado un repunte severo en los precios internacionales del petróleo y el gas natural. Para una Europa estructuralmente dependiente de las importaciones energéticas, el bloqueo de esta arteria marítima representa un choque de oferta de manual.

Cuando las empresas trasladan sus mayores costes logísticos y de producción al consumidor final, y los trabajadores exigen incrementos salariales para no perder poder adquisitivo, se corre el riesgo de indexar la inflación. Este fenómeno destruiría el trabajo de normalización monetaria que el BCE ha ejecutado con tanto esfuerzo durante los últimos años.

Stournaras ha trazado una línea roja muy clara para la estrategia de Fráncfort. El funcionario afirmó que si la inflación de la zona euro llega a superar el objetivo simétrico del 2% fijado por el BCE de forma temporal, pero con una magnitud significativa, la institución no dudará en actuar.

El mercado de renta fija reaccionó de inmediato a sus comentarios, registrando ligeros repuntes en los rendimientos de los bonos soberanos europeos, ante la perspectiva de que el precio del dinero se mantenga en niveles restrictivos por un período de tiempo mucho más prolongado de lo previsto.

El gran desafío del BCE será calibrar la diferencia entre un repunte inflacionario transitorio y un cambio de tendencia estructural. Subir las tasas de interés para combatir una inflación causada por un shock de oferta puede ser contraproducente, ya que encarece el crédito en un momento en que la actividad económica ya se está desacelerando debido a los altos costes de la energía.

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