China ha instado formalmente a Estados Unidos a cumplir con sus «responsabilidades primordiales» en materia de desarme nuclear. Esta reacción surge como respuesta directa a la reciente filtración de un borrador del informe anual del Pentágono, el cual proyecta una sombra de desconfianza sobre las ambiciones militares de Beijing.
El documento estadounidense sostiene que el gigante asiático probablemente ha cargado más de 100 misiles balísticos intercontinentales en silos de lanzamiento, lo que representaría un salto cualitativo en su capacidad de disuasión.
La aparente falta de voluntad de China para entablar conversaciones formales sobre el control de armas, un mecanismo que durante la Guerra Fría sirvió para evitar una escalada catastrófica entre potencias.
Según los portavoces chinos, la estabilidad estratégica global depende de que la nación con el mayor inventario atómico dé el primer paso firme hacia la reducción de cabezas nucleares antes de exigir concesiones a potencias que, bajo su visión, solo buscan una «defensa mínima necesaria».
Mientras Estados Unidos busca atraer a China a la mesa de negociaciones para establecer «barandillas» de seguridad, el gigante asiático parece estar utilizando su expansión nuclear como una palanca de negociación económica y política.
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