El Consejo de Estado de China, bajo la dirección del primer ministro Li Qiang, ha anunciado la creación de una «lista negativa» de subvenciones fiscales. Esta medida busca extirpar una práctica profundamente arraigada en el modelo de crecimiento chino: la competencia feroz y, a menudo, ineficiente entre gobiernos locales para atraer proyectos de fabricación.
Las provincias chinas han operado como feudos económicos, utilizando incentivos fiscales y subsidios directos para seducir a gigantes industriales. Si bien esta estrategia impulsó un desarrollo acelerado, ha generado un efecto secundario tóxico: el exceso de capacidad industrial.
Al subvencionar artificialmente la producción, los gobiernos locales han permitido que empresas poco competitivas sobrevivan, inundando los mercados globales y deprimiendo los precios.
Al definir explícitamente qué sectores y prácticas están prohibidos, el gobierno central elimina las zonas grises que los funcionarios locales solían explotar. Esta estructura de gobernanza centralizada sugiere que el primer ministro Li Qiang prioriza la calidad del crecimiento sobre el volumen bruto.
La radio estatal ha subrayado que este sistema busca frenar la «competencia caníbal» entre regiones. En sectores como el de vehículos eléctricos o semiconductores, donde la duplicidad de proyectos es alarmante, esta medida podría forzar una consolidación necesaria del mercado.
China está transitando hacia una economía de mercado más regulada donde el Estado central recupera el control de los hilos fiscales. Aunque a corto plazo esto podría ralentizar el inicio de nuevos megaproyectos, a largo plazo promete un ecosistema industrial más robusto y menos dependiente de la respiración asistida del contribuyente local.
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