El fenómeno climático de El Niño, que actualmente impacta diversas zonas del territorio peruano mediante precipitaciones aisladas y un incremento inusual de las temperaturas registradas en la franja costera y andina, pondría en riesgo a más de un millón de personas residentes en regiones expuestas y vulnerables a las alteraciones del clima en el país.
El comportamiento del evento hidroclimático continúa bajo la supervisión de las instituciones meteorológicas e hidrológicas nacionales, las cuales monitorean la anomalía térmica en la superficie del océano Pacífico. El jefe del estatal Instituto Nacional de Defensa Civil, Luis Vásquez, afirmó que el fenómeno de El Niño alcanzará un nivel de mayor intensidad a partir del mes de noviembre.
Las alertas emitidas por las autoridades del sistema de gestión del riesgo de desastres destacan la exposición de los asentamientos humanos ubicados en las márgenes de las cuencas hidrográficas y en zonas de quebradas. La combinación del incremento inusitado de la temperatura del aire y la acumulación de humedad en la atmósfera altera los patrones estacionales de lluvia, acelerando los procesos de escorrentía superficial sobre suelos no preparados o carentes de infraestructura de contención adecuada.
En el plano socioeconómico, la eventual intensificación del evento climático representa una variable determinante para la infraestructura vial, el abastecimiento de agua potable y el transporte terrestre de mercancías. La afectación potencial sobre más de un millón de ciudadanos abarca sectores de la población rural y urbana que habitan en viviendas con estructuras vulnerables, carentes de servicios básicos reforzados o localizadas en terrenos de alta inestabilidad geológica ante precipitaciones prolongadas.
La activación de los protocolos de preparación y mitigación contempla la delimitación de zonas de evacuación, el equipamiento de almacenes nacionales con bienes de ayuda humanitaria para la atención de emergencias y la coordinación con los gobiernos regionales y locales para el mantenimiento de la red vial ante posibles bloqueos por deslizamientos de tierra.
La agricultura y la ganadería se sitúan entre los sectores productivos con mayor vulnerabilidad frente al desarrollo del fenómeno. El incremento de las temperaturas perturba los ciclos de cultivo de especies clave para el consumo interno y la exportación, al tiempo que las inundaciones en valles agrícolas y las sequías focalizadas en las zonas altas impactan la disponibilidad de pastos y la productividad pecuaria. Estos factores ejercen presión sobre la oferta de alimentos y inciden en los precios de la canasta básica familiar.
Las autoridades del Ejecutivo nacional y los organismos descentralizados continúan la ejecución de obras preventivas, incluyendo trabajos de limpieza y descolmatación en los cauces de los ríos prioritarios de la vertiente del Pacífico, con la finalidad de amortiguar la fuerza de los caudales previstos para el ciclo de lluvias que inicia a finales del año.
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