El presidente de la Reserva Federal de Richmond, Tom Barkin, ha vuelto a poner sobre la mesa la necesidad de abandonar los movimientos bruscos para abrazar una estrategia de «ajuste de precisión». Sus declaraciones no son casuales; representan el sentir de un banco central que camina sobre la cuerda floja, tratando de equilibrar el control de los precios sin asfixiar el mercado laboral.
Barkin fue enfático: los cambios en las tasas de interés tendrán que «ajustarse con precisión» a los datos que vayan llegando. Esta postura, conocida en los mercados como dependencia de los datos, sugiere que el organismo financiero ha pasado de una fase de «medicina de choque» a una de «microdosis». Tras un ciclo de endurecimiento histórico, el margen de error se ha reducido al mínimo.
El mandato de la Reserva Federal es claro pero contradictorio en tiempos de incertidumbre: mantener la estabilidad de precios y maximizar el empleo.
Para los mercados de valores y los tenedores de bonos, las palabras de Barkin introducen un elemento de volatilidad calculada. Ya no se esperan grandes anuncios trimestrales, sino una reacción inmediata a cada informe del IPC y a las nóminas no agrícolas.
El mensaje de Barkin es una advertencia para los optimistas que esperan una caída libre en las tasas: la política monetaria será cautelosa, quirúrgica y, sobre todo, reactiva. En este escenario, la paciencia será la mayor virtud para los capitales que buscan refugio en un dólar que aún intenta definir su rumbo para el cierre del año.
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