El escenario económico y político de Estados Unidos se agita ante la inminente decisión sobre el liderazgo de la Reserva Federal, el banco central más influyente del mundo. En los círculos de la capital, un nombre ha comenzado a sonar con insistencia como el favorito para ocupar la silla de la presidencia: Kevin Hassett, el actual asesor económico de la Casa Blanca.
Hassett, economista conservador y con una sólida trayectoria académica y política, se ha perfilado como el candidato preferido por la administración Trump para dirigir la política monetaria estadounidense. Su posible nominación generaría un intenso debate, pues representaría una alineación más estrecha entre la política fiscal de la Casa Blanca y la política monetaria de la Reserva Federal, un equilibrio que históricamente ha generado tensiones.
El nuevo líder heredaría la responsabilidad de gestionar las tasas de interés, controlar la inflación y mantener el pleno empleo, elementos fundamentales para la estabilidad económica. La preferencia por Hassett sugiere una inclinación hacia una política que podría enfocarse en la desregulación y un crecimiento económico impulsado por la oferta, en consonancia con la filosofía económica dominante en la administración.
A pesar de que su nombre es el más fuerte, el proceso de nominación y confirmación ante el Senado será riguroso y estará bajo el intenso escrutinio de legisladores de ambos partidos. El mundo espera la decisión, sabiendo que el próximo presidente de la Reserva Federal, sea Hassett o cualquier otro candidato.
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