El arranque del año 2026 ha encendido las alarmas en el Banco Central de Brasil y en los despachos del Ministerio de Hacienda. Tras un 2025 marcado por la volatilidad y un esfuerzo titánico por estabilizar los precios, el Índice de Precios al Consumidor Amplio de enero de 2026 registró una inflación interanual del 4,44%.
Este dato representa una aceleración respecto al 4,26% con el que cerró diciembre de 2025. Aunque el incremento nominal parezca leve, su importancia radica en la cercanía técnica con el límite superior de la banda de tolerancia establecida por el Consejo Monetario Nacional. Con una meta central del 3%, el margen de maniobra se agota, situando al país nuevamente en una zona de riesgo macroeconómico que los analistas esperaban haber dejado atrás.
Durante la mayor parte de 2025, la mayor economía de Latinoamérica luchó por reingresar en los carriles oficiales. El cierre del año pasado en 4,26% fue visto como una victoria pírrica; sin embargo, el rebote de enero sugiere que las presiones inflacionarias poseen una inercia más resistente de lo previsto.
Este 4,44% pone en una encrucijada al Comité de Política Monetaria. Si la tendencia alcista se consolida en el primer trimestre, las esperanzas de ver nuevos recortes en la tasa Selic podrían desvanecerse. Mantener las tasas altas es la medicina amarga para frenar los precios, pero a costa de ralentizar el crecimiento del PIB.
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