Intel y Astera Labs bajan por gasto en centros de datos

En un movimiento que ha encendido las alarmas entre los inversores institucionales, diversas firmas de análisis financiero han rebajado la calificación de dos jugadores clave en el ecosistema del hardware avanzado: el gigante Intel y la emergente Astera Labs.

La razón detrás de este revés técnico apunta a un doble desafío macroeconómico: unas valoraciones bursátiles que el mercado considera excesivas y, de manera mucho más preocupante, las señales de que el multimillonario gasto de las grandes tecnológicas en infraestructura de Inteligencia Artificial experimentará una notable desaceleración para el año 2027.

La rebaja de calificación, liderada por informes de firmas de inversión de peso, ha cambiado la recomendación de estos valores, en un claro mensaje de prudencia tras meses de cotizaciones. Algunos analistas advierten que la euforia actual ha cegado al mercado respecto a los límites físicos y financieros de los llamados hyperscalers —los titanes de la nube como Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta—, quienes financian la compra masiva de los chips y la conectividad que hacen posible la IA.

Según los analistas, los grandes proveedores de la nube están comprometiendo actualmente cerca del 100% de su flujo de caja operativo en la expansión de centros de datos. Para sostener este ritmo frenético, estas compañías han tenido que emitir más de 260.000 millones de dólares en deuda desde el inicio del año pasado, al tiempo que sus programas de recompra de acciones propias han comenzado a colapsar.

Este nivel de apalancamiento financiero dibuja un techo claro para 2027. Los analistas prevén que para ese año las matrices tecnológicas prioricen el saneamiento de sus balances sobre la expansión indefinida de infraestructura, lo que provocará una contracción en los pedidos de componentes de alta gama.

Para Intel, la rebaja llega en un momento delicado de su reestructuración corporativa. Aunque se reconocen avances sustanciales en su división de fundición y un repunte en la demanda de procesadores para servidores, los analistas consideran que sus múltiplos bursátiles ya descuentan un escenario excesivamente idílico. Incluso simulando un agresivo crecimiento del 40% en su negocio de centros de datos para 2027, las acciones de Intel cotizan a 38 veces sus estimaciones de beneficio a largo plazo, un precio que la banca de inversión califica de «caro», suspendiendo sus precios objetivo previos.

Por su parte, Astera Labs sufre las consecuencias de una valoración que roza la desconexión con los fundamentales. A pesar de reportar sólidos resultados en la primera mitad de este año gracias al despliegue de su arquitectura Scorpio-X, la compañía cotiza a un ratio precio-beneficio superior a 200 veces.

El ajuste de expectativas para Intel y Astera Labs marca el fin de la fase de «cheque en blanco» para el sector de los semiconductores. La mirada de los analistas ya no se posa únicamente en la capacidad técnica de los chips, sino en la salud financiera de quienes pagan por ellos. Con el horizonte puesto en 2027, el mercado financiero empieza a exigir rentabilidad real en lugar de promesas cuánticas y algoritmos de coste infinito.

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