En una jornada que los operadores ya califican de «Lunes Negro Institucional», el oro ha pulverizado todos sus registros históricos al superar los 4.600 dólares por onza, mientras que el dólar y los futuros de Wall Street se hundían en una espiral de ventas masivas.
El detonante: la confirmación de una investigación penal contra el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, por parte del Departamento de Justicia. El metal precioso, termómetro por excelencia del miedo sistémico, se disparó un 2,6% tras conocerse que la administración Trump ha intensificado su ofensiva contra el banco central.
Los inversores han abandonado el billete verde, que caía un 0,4% frente a una canasta de divisas principales, refugiándose en activos que no dependan de la estabilidad política de Washington. La gravedad de la situación radica en la percepción de que la autonomía de la Fed —piedra angular de la confianza en los mercados desde hace décadas— está siendo desmantelada.
La investigación, centrada en un supuesto testimonio falso de Powell ante el Congreso sobre la renovación de la sede de la Fed, es vista por el mercado como una maniobra de coacción para forzar un recorte de las tasas de interés que favorezca la agenda del Ejecutivo.
La retórica de Powell ha sido inusualmente firme: en un video comunicado, calificó los cargos de «pretextos» y aseguró que las amenazas penales son una consecuencia directa de no plegarse a los deseos presidenciales en materia monetaria.
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