En un discurso que ha sacudido los cimientos de la relación bilateral más estrecha del continente, el mandatario estadounidense Donald Trump ha amenazado con prohibir la inauguración del Puente Internacional Gordie Howe, una infraestructura colosal de 4.700 millones de dólares diseñada para ser el nuevo pulmón logístico entre Detroit y Windsor.
Esta amenaza no es un hecho aislado, sino la culminación de una serie de fricciones que han vuelto a poner en el punto de mira las políticas comerciales del primer ministro canadiense. Trump ha utilizado la propiedad canadiense del proyecto como moneda de cambio en una negociación que abarca desde la góndola del supermercado hasta la alta geopolítica.
El Puente Gordie Howe no es solo cemento y acero; es una arteria vital para la industria automotriz y el comercio de bienes de consumo. Se estima que por la frontera de Detroit-Windsor transita el 25% de todo el comercio bilateral entre ambas naciones.
La postura de Trump sugiere que el comercio «justo» está por encima de la facilitación de infraestructura. Si el puente permanece cerrado por un veto ejecutivo, las cadenas de suministro integradas de América del Norte podrían enfrentar su mayor prueba de estrés en décadas, obligando a las empresas a replantearse la estabilidad de sus rutas transfronterizas en un entorno donde los aranceles y los bloqueos físicos se han convertido en la nueva norma diplomática.
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