El Foro Económico Mundial fue testigo de un discurso cargado de triunfalismo. El presidente Donald Trump regresó a los Alpes suizos para presentar un balance de su primer año de vuelta en el Despacho Oval, utilizando la tribuna de Davos no solo para defender su política, sino para exhibir indicadores macroeconómicos que han tomado por sorpresa a los analistas de Wall Street y a los organismos multilaterales.
El mandatario estadounidense fue enfático al desglosar las cifras que definen su actual administración. Según los datos presentados ante la élite financiera, la inflación en Estados Unidos ha experimentado un enfriamiento drástico, registrando una tasa de apenas el 1,6% en los últimos tres meses.
Este dato es particularmente sensible, dado que la presión sobre los precios fue el principal dolor de cabeza de la economía global en años recientes. Acompañando la caída de la inflación, Trump lanzó una cifra que reavivó el debate sobre el sobrecalentamiento económico: una proyección de crecimiento del Producto Interno Bruto para el cuarto trimestre del 5,4%.
Estas cifras plantean interrogantes sobre la composición de este crecimiento. Un PIB por encima del 5% en una economía desarrollada como la estadounidense suele estar impulsado por un consumo interno robusto o una reactivación masiva del sector manufacturero y energético.
El anuncio en Davos tuvo repercusiones inmediatas en el mercado de bonos y en el valor del dólar. La combinación de baja inflación y alto crecimiento dibuja el escenario de un «aterrizaje suave» perfecto, algo que muchos consideraban imposible hace apenas doce meses.
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