Turquía se opone a una intervención militar en Irán

Turquía ha trazado una línea roja clara. El ministro de Relaciones Exteriores turco, Hakan Fidan, ha manifestado la oposición frontal de su gobierno a cualquier intervención militar liderada por Estados Unidos en Irán. Esta postura no responde únicamente a una afinidad diplomática, sino a un cálculo pragmático de supervivencia económica y estabilidad regional.

La prioridad absoluta es evitar la desestabilización de su frontera oriental. Una intervención extranjera en Irán, bajo el argumento de apoyar las actuales protestas internas, podría desencadenar un efecto dominó de consecuencias imprevisibles para las economías emergentes de la zona.

Turquía depende estratégicamente de Irán para su suministro de gas natural, y cualquier conflicto bélico interrumpiría los flujos energéticos, disparando los costes de producción para la industria turca y agravando su ya delicada inflación.

Hakan Fidan ha sido enfático al señalar que los problemas internos de Irán deben ser resueltos por los propios iraníes.5 Según el canciller, lo que algunos actores externos interpretan como una revuelta ideológica, suele tener raíces en el descontento económico provocado por años de sanciones internacionales.

El Ministerio de Exteriores turco advierte que una incursión externa solo lograría unir a la población iraní contra una amenaza extranjera, validando las tesis del sector más conservador en Teherán y cerrando las puertas a las reformas necesarias.

Ankara teme que un vacío de poder o un conflicto prolongado en suelo iraní sea aprovechado por grupos separatistas en las zonas fronterizas, amenazando la integridad territorial de Turquía. La diplomacia turca apuesta por la negociación directa entre Washington y Teherán.

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