El ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania lanzó un mensaje contundente y sin ambigüedades este jueves ante la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa: Kiev busca «una paz real, no un apaciguamiento» con Rusia.
Esta declaración, formulada en el seno del organismo de seguridad y derechos más grande del mundo, subraya la profunda desconfianza ucraniana hacia cualquier acuerdo que no garantice su soberanía e integridad territorial a largo plazo.
La intervención del ministro ucraniano en la OSCE es significativa, ya que el organismo está actualmente buscando redefinir y asegurar un papel relevante para sí mismo en una Ucrania de posguerra. La insistencia en una «paz real» implica que cualquier cese de hostilidades o negociación futura debe estar basada en principios de justicia y seguridad duradera, y no simplemente en la consolidación de las ganancias territoriales rusas o en una tregua temporal que Kiev perciba como una mera pausa para una futura agresión.
El término «apaciguamiento», cargado de connotaciones históricas y a menudo asociado con la política exterior previa a la Segunda Guerra Mundial, es una elección de palabras deliberada, diseñada para resonar entre las capitales occidentales y endurecer la postura negociadora contra lo que consideran concesiones inaceptables.
Una «paz real» es el único camino viable para la reconstrucción de Ucrania y su futura integración con los mercados de la Unión Europea. El riesgo de un «apaciguamiento» sería la perpetuación de una zona de conflicto congelado o latente, lo que disuadiría la inversión extranjera directa, elevaría las primas de riesgo para el capital de reconstrucción y paralizaría la reactivación de sectores clave como la agricultura y la industria pesada.
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