Venezuela debe 5.370 millones a Repsol por suministro de petróleo y gas

La multinacional española se encuentra hoy en una encrucijada estratégica: tiene pendientes de cobro aproximadamente 5.370 millones de dólares por parte del Estado venezolano, una cifra que representa un peso significativo en sus balances y un desafío constante para su dirección financiera.

Recuperar esta deuda pendiente no es solo una cuestión de contabilidad; es el eje sobre el cual pivota la relación diplomática y comercial entre la energética y el gobierno de Caracas. A pesar de los retrasos en los pagos y la volatilidad institucional de la nación caribeña, Repsol ha mantenido una postura de «resiliencia pragmática». La empresa ha optado por la permanencia en lugar de la retirada, entendiendo que el subsuelo venezolano sigue albergando algunas de las reservas de crudo y gas más importantes del planeta.

Repsol ha manifestado su disposición a aumentar la producción en su división de exploración y producción. Este movimiento parece contradictorio a primera vista, dado el volumen de la deuda, pero responde a una lógica de canje de deuda por activos o crudo.

En el complejo mercado energético actual, marcado por la transición hacia fuentes más limpias pero con una demanda de fósiles aún robusta, el acceso directo a bocas de pozo es un activo estratégico que pocos están dispuestos a abandonar.

Con más de 30 años en el país, Repsol conoce mejor que nadie los ciclos políticos de la región. Sin embargo, el contexto global de 2026 exige una agilidad distinta. La recuperación de los 5.370 millones de dólares es vital para financiar la transición energética global de la compañía hacia las renovables.

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