Banco de Japón advierte riesgos derivados IA

El Banco de Japón advirtió sobre los crecientes riesgos causados por la IA, incluidas las crecientes amenazas a la ciberseguridad y las posibles perturbaciones del mercado, que podrían extenderse al sistema bancario del país. La alerta formulada por el instituto emisor nipón en sus evaluaciones periódicas de estabilidad financiera pone de relieve la preocupación del estamento regulador ante la rápida integración de tecnologías algorítmicas avanzadas en la operativa de las instituciones crediticias y los centros de negociación de renta variable y fija.

La adopción de herramientas de inteligencia artificial en las plataformas de negociación bursátil y en la gestión automatizada de activos incrementa el riesgo de comportamientos de rebaño y volatilidades repentinas en los precios de los instrumentos financieros.

La velocidad de procesamiento de estos sistemas automatizados puede amplificar los movimientos del mercado ante eventos macroeconómicos inesperados, generando dinámicas de liquidación masiva de posiciones que comprometen la liquidez interbancaria y obligan a los intermediarios a reajustar sus requerimientos de colateral en márgenes de tiempo sumamente reducidos.

El Banco de Japón señala que la dependencia cruzada de modelos algorítmicos desarrollados por un número reducido de proveedores tecnológicos externos genera una concentración de riesgos sistémicos en el sector bancario. Un fallo técnico en la infraestructura de computación en la nube, una vulnerabilidad en el código fuente de los programas de entrenamiento o una perturbación en los flujos de datos esenciales para los algoritmos de concesión de crédito pueden propagarse simultáneamente a múltiples entidades financieras, debilitando la resiliencia operativa del conjunto de la banca nacional. 

El uso de inteligencia artificial por parte de actores maliciosos intensifica la frecuencia y sofisticación de los ataques informáticos contra las bases de datos de los bancos corporativos y de consumo. La proliferación de sofisticadas técnicas de suplantación de identidad, la automatización de incursiones en las redes de pago interbancario y el desarrollo de malwares capaces de evadir las defensas tradicionales exigen a las entidades financieras un aumento continuo en las partidas presupuestarias destinadas a la protección cibernética y al blindaje de las transacciones electrónicas.

La implementación de pruebas de estrés cibernético, la evaluación rigurosa de los riesgos de proveedores de software externos y el establecimiento de mecanismos de supervisión humana permanente sobre los procesos de decisión algorítmica se consideran pilares indispensables para salvaguardar la solvencia institucional y mantener la confianza de los depositantes e inversores.

Un incremento imprevisto en las pérdidas derivadas de incidentes cibernéticos o de descalces en la valoración de carteras automatizadas reduciría la capacidad de amortiguación de capital de los bancos, restringiendo la concesión de préstamos a empresas industriales y hogares en un entorno caracterizado por la paulatina normalización de la política monetaria y los costes de financiación.

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