El optimismo sobre una flexibilización monetaria agresiva parece haber chocado con la realidad de los datos. La gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook, ha enviado una señal inequívoca a los mercados: la guardia no se bajará hasta que la batalla contra los precios esté plenamente ganada.
En una reciente intervención que ha recalibrado las expectativas de los analistas, Cook fue tajante al afirmar que no apoyará nuevos recortes en las tasas de interés hasta obtener pruebas contundentes de que las presiones inflacionarias están remitiendo de manera sostenida.
Cook ha manifestado que su mayor preocupación en la actualidad no es el enfriamiento del mercado laboral sino el estancamiento de la inflación. Este fenómeno, conocido en los círculos económicos como «inflación pegajosa», sugiere que los precios en sectores clave, como los servicios y la vivienda, se resisten a bajar a pesar de la política monetaria restrictiva.
La reticencia de Cook a validar nuevos recortes tiene consecuencias directas. Para las empresas, significa que el costo del endeudamiento no descenderá tan rápido como se proyectaba en las pizarras de Wall Street. Para los consumidores, implica que las tasas de hipotecas y préstamos personales se mantendrán en niveles que exigen cautela.
El mercado laboral, aunque ha perdido algo de tracción, sigue mostrando una resiliencia que, a ojos de Cook, otorga a la Reserva Federal el margen de maniobra necesario para seguir presionando sobre los precios sin provocar, por ahora, una crisis de empleo.
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