Los precios del oro se dispararon, extendiendo su recuperación por encima de los 3.975 dólares la onza, a medida que el dólar estadounidense se debilitaba tras las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos en 2026. La cotización del metal precioso en las plataformas internacionales de materias primas en Nueva York y Londres reflejó una rápida reacción de los operadores financieros frente a la corrección del billete verde en los mercados de divisas, consolidando una trayectoria alcista impulsada por la búsqueda de cobertura patrimonial ante el nuevo panorama político e institucional en Washington.
La depreciación de la divisa estadounidense tras los comicios legislativos redujo el costo de adquisición de los contratos de futuros sobre metales preciosos para los inversores internacionales que operan con otras monedas. La correlación inversa entre la fortaleza del dólar y la cotización del oro se hizo evidente a medida que las mesas de cambio interbancarias ajustaban sus posiciones, derivando flujos de liquidez masivos hacia la materia prima ante la perspectiva de un estancamiento normativo y fiscal en el Congreso estadounidense para la segunda mitad del mandato presencial de 2026.
El avance de la onza de oro por encima de la cota de los 3.975 dólares confirma el papel del activo como reserva de valor. Los fondos de cobertura, los bancos centrales y las instituciones de gestión de activos han incrementado su exposición al oro físico y a los fondos cotizados en bolsa vinculados al metal, buscando amortiguar la volatilidad derivada del ajuste en los rendimientos de los títulos del Tesoro de Estados Unidos.
El aumento de la demanda spot y el cierre de posiciones cortas por parte de los intermediarios bursátiles han generado un incremento sostenido en las primas de negociación, influyendo en las cotizaciones de otros metales nobles como la plata y el platino en los centros financieros asiáticos y europeos.
Las mayores cotizaciones internacionales mejoran sustancialmente los márgenes de beneficio de los proyectos mineros en América Latina, África y Australia, permitiendo la reactivación de presupuestos de exploración de capital intensivo y aumentando la recaudación fiscal por concepto de regalías e impuestos a la explotación de recursos naturales en los países productores.
La tendencia a incrementar las tenencias de oro físico en las bóvedas de los bancos nacionales responde al objetivo de reducir la exposición a los activos denominados en divisas extranjeras, fortaleciendo el respaldo de las monedas locales frente a potenciales perturbaciones en los flujos de comercio exterior y en las cadenas de suministro.

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