Rusia ha disparado un misil hipersónico de última generación contra un objetivo en Ucrania, ubicado peligrosamente cerca de la frontera con Polonia. Este ataque, dada la proximidad con un Estado miembro de la OTAN, ha sido interpretado unánimemente por los aliados de Kiev como una maniobra de intimidación estratégica.
El uso de tecnología hipersónica, caracterizada por su velocidad y dificultad de interceptación, no es una decisión militar aislada; es un mensaje dirigido a los presupuestos de defensa y a la confianza de los inversores en Europa.
Los aliados europeos han denunciado que este acto busca forzar una retirada del apoyo financiero y logístico a Ucrania. No obstante, desde una perspectiva económica, la táctica de Moscú está generando el efecto opuesto: un incremento en la prima de riesgo y una renovada presión sobre los bonos soberanos de los países del flanco este.
Polonia, que actúa como el principal centro logístico para la asistencia europea, se encuentra ahora en el epicentro de esta volatilidad. Un ataque tan cerca de su territorio eleva los costes de los seguros de transporte y logística, elementos vitales para el comercio intracomunitario en Europa Oriental.
Este incidente refuerza la tesis de que el conflicto no está en una fase de desescalada, sino de refinamiento técnico y agresividad calculada. El disparo del misil hipersónico cerca de la frontera polaca marca un nuevo umbral de riesgo en 2026.
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