Logan apunta a una reducción del consumo de petróleo y gas natural en el mundo

La arquitectura económica global está sufriendo una de sus pruebas más severas desde las crisis petroleras del siglo pasado. El mapa de los flujos comerciales de energía se está redibujando a la fuerza, y los bancos centrales ya no ocultan su preocupación por el impacto estructural que esto tendrá sobre el crecimiento de las naciones y la estabilidad de los precios.

La presidenta de la Reserva Federal de Dallas, Lorie Logan, lanzó una advertencia que resonó con fuerza en los centros financieros del planeta: el mundo podría tener que encontrar la manera de arreglárselas con menos petróleo y gas si el estrecho de Ormuz permanece cerrado mucho más tiempo debido a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.

Irán ha restringido el transporte marítimo por el estrecho durante el conflicto de tres meses, una medida de presión militar y económica que ha alterado los cimientos de la cadena de suministro internacional. Las implicaciones de mantener bloqueada esta arteria vital son gigantescas.

Según los registros de la industria náutica y los ministerios de energía, alrededor de una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado del mundo transitaba por la angosta vía marítima antes de la guerra. Perder el acceso regular a este corredor, aunque sea de forma parcial, equivale a extirpar de golpe el principal motor energético que alimenta a las industrias de Europa y Asia.

El cierre prolongado del estrecho ha impulsado al alza los precios de la energía, los alimentos y los fertilizantes, configurando un escenario clásico de estanflación latente. El petróleo más caro encarece inmediatamente el transporte terrestre, marítimo y aéreo, pero el verdadero peligro silencioso está en los otros dos componentes citados por los analistas: los alimentos y los fertilizantes.

El gas natural licuado es el insumo fundamental para la producción de amoníaco, la base de los fertilizantes nitrogenados que sostienen la agricultura a gran escala en todo el planeta. Al interrumpirse el paso por Ormuz, el precio del gas se dispara, provocando un efecto dominó que encarece los abonos agrícolas.

El resultado final es un incremento directo en los costos de producción de los agricultores desde las llanuras americanas hasta los campos de cultivo en América Latina, lo que inevitablemente se traduce en un aumento de los precios de los alimentos en los supermercados de todo el mundo.

Logan está abriendo la puerta a una dolorosa transición forzosa. No se trata simplemente de esperar a que la tormenta pase para volver a la normalidad; implica que la prolongación de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra el régimen de Teherán obligará a las economías industrializadas a racionar su consumo energético, acelerar de forma desordenada la sustitución de fuentes de energía o asumir una contracción de la actividad manufacturera global.

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