En 2021, Microsoft se posicionó a la vanguardia de la responsabilidad corporativa con un compromiso que muchos calificaron de audaz: para el año 2030, la compañía cubriría el 100% de su consumo eléctrico, cada hora de cada día, con energía libre de carbono proveniente de las mismas redes donde opera. Hoy, ese «objetivo estrella» se enfrenta a la cruda realidad de la infraestructura energética global y el crecimiento exponencial de la demanda técnica.
La dirección está considerando seriamente retrasar o incluso abandonar esta ambiciosa meta de igualación horaria. El cambio de postura marca un punto de inflexión para una de las empresas más valiosas del mundo, que hasta ahora había liderado el discurso de la sostenibilidad en Silicon Valley.
El compromiso original de Microsoft era significativamente más complejo que su logro anterior, ya cumplido, de igualar su consumo eléctrico anual con compras de energía renovable. Mientras que el balance anual permite compensar picos de consumo con compras en momentos de excedente, la igualación hora a hora exige que la energía limpia esté disponible exactamente cuando los servidores la necesitan.
A esto se suma el auge de la Inteligencia Artificial, cuya potencia de cómputo requiere una estabilidad y un volumen de energía que las renovables, sin sistemas de almacenamiento masivos aún no desplegados, tienen dificultades para garantizar de forma ininterrumpida.
La posible retirada de Microsoft es una señal de alerta. Si una compañía con recursos financieros virtualmente ilimitados encuentra inviable la paridad horaria para 2030, la transición energética del sector privado podría ser más lenta de lo proyectado.
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